En estas fiestas (y no solo en estas fiestas) todas las personas queremos sentirnos bien. También ocurre que hacia el final del año tendemos a evaluar qué cosas ocurrieron, qué decisiones tomamos, si conseguimos o no aquello que nos propusimos. Incluso es probable que nos planteemos qué queremos conseguir en el año nuevo que está próximo. Cerramos un ciclo de nuestra experiencia y abrimos otro, el final de un año y el principio del siguiente.

Es habitual que ante esta evaluación de final de año nos sintamos algo desanimados, especialmente porque nuestro cerebro nos juega malas pasadas y a menudo nos enseña solo la cara menos amable de manera automática. De modo que cuando nuestros pensamientos no son muy optimistas, nos sentimos tristes, alicaídos y en ocasiones incluso furiosos, por no haber llegado a conseguir lo que deseábamos.

La buena noticia es que nosotros no somos esos pensamientos, sino que podemos controlarlos, si bien quizá no su aparición al cien por cien, sí lo que nos decimos a nosotros mismos cuando aparecen, que al final se traduce en cómo nos tratamos a nosotros mismos. Los 5 tips o claves mentales siguientes te ayudarán a enfocar mejor este final de año y comenzar el siguiente con aires renovados:

  1. Enfoca lo que sí hay y no tanto lo que faltó en las situaciones: la idea perfeccionista que a veces nos acompaña, nos hace caer en una “trampa también perfecta” en la que no solo no estamos enfocando en el presente lo que ocurre sino que nos fijamos solo en lo que no está en las situaciones, queriendo que sea mejor no miramos como realmente sí es. Esto es, ¿aún no conseguiste el trabajo que buscabas? Mira todo el camino que sí has recorrido, lo que sí has hecho hasta el momento. Quizá trabajaste en tu currículum, comenzaste a decirle a los demás que estás en búsqueda activa, abriste una nueva cuenta de LinkedIN. Cada paso cuenta. Si enfocas solo lo que falta, te pierdes lo que sí está.
  2. Comprende el contexto en el que se produjeron las decisiones que tomaste: casi siempre tendemos a juzgarnos lo de ayer con lo que sabemos hoy y perdemos de vista las situaciones concretas, las fuerzas específicas que teníamos en el momento de tomar una decisión. Quizá hay factores que estás pasando por alto y estos factores explican mucho mejor el por qué de las decisiones que tomaste.
  3. Evita usar términos radicales, negativos y generales a la hora de describirte: suelen ser pensamientos del estilo “eres torpe”, “¿de qué sirve esto?”, “nunca puedes”. La mayoría de las veces que “estamos de bajón” suele ser por un pensamiento automático negativo que incluye alguno de estos términos, ya sea “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre” o una etiqueta general de la cual es muy difícil desprenderte. Por ejemplo, nota cómo te sientes si te dices “soy torpe”. A continuación enfoca la siguiente frase: “algunas veces en algunas situaciones no consigo algo a la primera”. Nota la diferencia de cómo te has sentido ante la primera y ante la segunda frase. Decirte cosas más amables y más concretas te servirá mucho para relativizar las cosas y sentirte mucho mejor.
  4. A la hora de pensar en los objetivos próximos, contempla todos los pasos intermedios: o lo que yo llamo “no intentes comerte el pastel de una sola vez”. No es lo mismo plantearse un gran objetivo como “ser feliz”, que plantearse objetivos más pequeños y alcanzables “hacer algo cada día que me haga sentir bien, aunque sea un minuto”. Si somos realistas con los objetivos, estos se vuelven mucho más alcanzables. Con el ejemplo anterior “cambiar de trabajo” sería un objetivo general y “actualizar el 
currículum”, “ampliar la red de contactos”, “llamar a algún amigo que me pueda orientar” serían objetivos más específicos. Cuanto más específico sea un objetivo, más sencillo y abordable te resultará.
  5. Actúa de forma comprensiva y compasiva en primera persona: mantener una actitud cuidadosa, cariñosa y comprensiva hacia ti te ayudará a sentirte mejor. Date algún capricho, cuida tu interior convirtiéndote en tu mejor amigo/a, diciéndote cosas que te ayuden, como si esas palabras se las dijeras a alguien a quien quisieras ayudar: “Tú puedes”, “entiendo que te sientas así”, “¡ánimo!”. No se trata de que te engañes sino de que no te azuces con malos humos, de verdad que no sirve para nada. Decirte cosas buenas que te ayuden y compadecerte con cariño en aquello que no está tan bien como esperabas, te hará sentir mucho mejor.

Espero que comiences el año con un pequeño gran paso, siguiendo estas claves: ¡el de cuidarte y mimarte más! ¡Suerte!

Por Montse Beteta, psicóloga de Dülae

Especialista en terapia integradora y humanista

5 Tips o claves para acabar bien el año
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